En aquellos tiempos, no tan lejanos, no existían los relojes digitales ni las palms, ni las notebooks... bueno, directamente ¡no existían las computadoras personales! Pero sí los aviones. Y los vuelos intercontinentales. Que, con su característico jet-lag, ya desorientaban al más experto de los viajeros frecuentes. Por suerte, algunas líneas áereas, como Pan American World Airways (luego, Pan-Am) distribuían con su pasaje un "time-teller". Dos simples círculos de cartón que al girarlos permitían averiguar el horario de cualquier capital mundial. Por cierto, muy útil para justificar demoras o cancelaciones en "horario local".

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